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Molino harinero edificado en los primeros años del 1500. Se ha cuidado tanto en la estructura como en la decoración, el sabor del S. XVI, combinado con el confort del S. XX para ofrecer un ambiente acogedor y agradable.
idilico
Pasamos una tarde-noche en la más completa paz y sosiego. No se si estábamos solos o que los demás clientes estaban fuera. La cena al aire libre fué inolvidable; saborear esa magnifica botella de Casa de La Ermita con esa carne de ciervo y oir como sonidos de fondo el croar de las ranas del rio y algún ladrido lejano. Los dueños y empleados fueron amables y discretos, dando la sensación de que la casa estaba a tu entera disposición. El edificio está restaurado con un gusto exquisito. Los jardines plagados de nogales y otros arboles son muy bonitos. Seguro que repetiré. escrito por jfmata 02/08/2005