Hostales en Garrovillas

2 hostales, pensiones y albergues disponibles en Garrovillas

  • Garrovillas, Cáceres • Ver mapa

    Casa Rural Las Nieves es una mansión del siglo XIX, situada en la localidad de Garrovillas de Alconétar, a 1,5 Km del embalse de Alcántara, a 30 minutos en coche de Cáceres.... Más info

    16 Opiniones

    desde 50€

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  • Garrovillas, Cáceres • Ver mapa

    Las amplias habitaciones del hotel están decoradas con mucho gusto, tienen paredes de piedra y techos abovedados; el hotel ocupa un palacio de piedra maravilloso. El restaurante del... Más info

    196 Opiniones

    desde 55€

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Tipos de alojamiento en Garrovillas

Localidad: Garrovillas

    Descripción

    Garrovillas de Alconétar es un pueblo situado en la provincia de Cáceres en la Comunidad de Extremadura. Cuenta con 2500 habitantes y está atravesado por el río Tajo.

    Historia

    Restos ibéricos y algunos dólmenes hallados en la vecina vega del Guadoncil evidencian la temprana existencia de asentamientos humanos en sus contornos. La primitiva Garro nace como una pequeña aldea de la poderosa villa de Alcónetar y de su caída en desgracia es deudora. De aquella tan celebrada y próspera ciudad de la Antigüedad dan fe los restos de su bello puente romano sobre el Tajo, construido en los primeros años del Imperio, que fue paso obligado de la legendaria Vía de la Plata que enlazaba Mérida con Salamanca. En la margen izquierda del río pervive la torre desmochada de la que fuera su fortaleza, la primera que levantaron los caballeros leoneses en tierras cacereñas y más tarde castillo de la Orden del Temple, pero al venirse a menos fue abandonada por sus habitantes, que pasaron a engordar la población de Garrovillas. Entre los emigrantes venían ilustres familias que arrancaron a los monarcas fueros y franquicias para asegurar un brillante desarrollo a su recién estrenado pueblo. A orillas del Tajo y bajo las largas y quebradas orillas del grandioso embalse de Alcántara se sabe uno de los pueblos más entrañables de la comunidad extremeña. Descansa plácidamente en una hondonada pizarrosa, rodeado de un austero paisaje donde ni siquiera la encina posa para rubricar la postal extremeña de la dehesa. A sus vecinos se les llama garrovillanos piñoneros porque cuando los pinares daban su fruto era habitual verlos recorrer los pueblos próximos vendiendo el preciado manjar. Durante la Segunda Guerra Mundial hicieron el agosto traficando con wolfram o tungsteno, mineral del que anda sobrado su término, presente en las paredes de sus casas y cercas o en el empedrado de sus calles. De Garrovillas también tienen fama sus plañideras, solicitadas de antiguo en muchas leguas a la redonda porque sus lloros y lamentos se hacían imprescindibles para dar pompa y boato a los entierros por una cantidad de dinero en metálico o en especias.

    Visitas

    Garrovillas es sobre todo la imagen de su pintoresca Plaza Mayor, inmortalizada hasta la saciedad en cuadros y fotografías. Ágora de la villa e improvisada plaza de toros cuando la fiesta obliga, encierra una singular belleza en su trazado irregular y toda ella está flanqueada por blancas casas porticadas de dos plantas. En la baja lucen soportales de arcos sobre rotundas columnas de piedra, mientras que el segundo piso se engalana con galerías arcadas de medio punto. La circundan estrechas y cuidadas calles de su bello casco antiguo, que por tener tiene hasta barrio judío. También salpican la villa casas solariegas de portadas góticas y renacentistas, algunas tocadas con bellísimos balcones de esquina que alternan armoniosamente con la arquitectura popular típica extremeña. Sus obras religiosas ponen un sello gótico de distinción. La amplia iglesia gótica de San Pedro, su monumento estrella, fue hecho con sillería por maestros garrovillanos y luce gallarda torre blasonada, interesante portada de arco apuntado y nobles tablas de pintura flamenca en su retablo mayor. El templo de Santa María de la Consolación, del siglo XVI, armoniza estructura y detalles góticos con toques renacentistas. Construido a finales del siglo XV, guarda entre sus muros un bonito retablo de traza clásica realizado por Juan Granada, vecino de Garrovillas, en el siglo XVII. Del convento franciscano de San Antonio de Padua, que levantado en tiempos de los Reyes Católicos antaño ennoblecía la villa siendo panteón de los conde de Alba de Liste, sólo quedan tristes restos. El de las Jerónimas, situado en la calle de las Seis Rejas, hace frente a los tiempos que corren con unos dulces artesanos que quitan el sentido. Exhibe una curiosa imagen de una Virgen que guarda en su vientre al niño Jesús, visible a través de un cristal. La casa de los Templarios, las rúas del barrio de Castillejos, dos ermitas más y un interesante rollo jurisdiccional se suman a sus encantos con personalidad propia. El monumental santuario de Nuestra Señora de Altagracia, patrona de los garrovillanos, a la que se venera desde la época de los visigodos, preside un extraordinario paraje de berrocales sobre una meseta cacereña, entre los términos de Cáceres, El Casar y del propio Garrovillas.

    Alrededores

    Cáceres a 30km de Garrovillas: ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, por conjuntos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento. La frontera con Portugual está a 45minutos en coche.

    Compras

    Tiendas de productos típicos de la zona: torta de Casar, embutidos, miel, aceite.

    Fiestas

    El 8 de septiembre este lugar es escenario de su fiesta más esperada, una romería que incluye misa, procesión, rifa, subasta de andas, baile y carreras de caballos. El 17 de enero se festeja a San Antón con una curiosa procesión.

    Gastronomía

    En las andas del santo cuelgan chorizos, lomos y toda clase de embutidos, viandas estrellas en la gastronomía garrovillana. Y hablando de exquisiteces, El Casar de Cáceres está a tiro de piedra y nadie en su sano juicio se marcharía de estas tierras sin llevarse bajo el brazo su especialísima y famosa torta de queso artesana.

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